El pequeño infierno en el cual me veo sometida en realidad es un sueño, tengo fe ciega y blanda de que me dormí y nunca desperté. De que el cansancio me gano por afano y jamás sonó el despertador. Que inmaculadamente sigo durmiendo en mi cama con paz mortuoria y la cara desfigurada.
Le rezo a Satanás porque Dios esta de vacaciones.
El pequeño placebo, el cual corre por mis venas en realidad es el miedo hecho placer, tengo pastillas y jeringas sanadoras, corrosivo para la piel. Tengo certeza de que la vida me ganó la apuesta y que no tengo con que pagar, porque lo que tenía, se lo dí a Satanás.
Le rezo a Satanás porque Dios salió a comer.
El pequeño vacío que dejaron mis ojos con la percusión del revólver fue rellenado con tierra infértil, donde a la muerte se vio crecer galante de rosas negras y espinas en los pies.
Le rezo a Satanás porque Dios es demasiado blanco.
Lo negro del viento percude mis huesos y talla flores en mi cráneo, perfecta la linea del deceso. Mundano olor de vacío abnegado, silencio abrumado por la risa del diablo.
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Le rezo a Dios porque Satanás ignoró mis pedidos.
Le rezo a Dios porque Satanás salió a comer.
El pequeño nocebo, el cual se detiene por mis venas en realidad es el valor hecho sufrimiento, tengo pastillas y jeringas hirientes, constructivo para la piel. Tengo la duda de que la vida me perdió la apuesta y que tengo que pagar, porque lo que no tenia, se lo di a Dios.
Le rezo a Dios porque Satanás es demasiado negro.
El pequeño repleto que dejaron mis ojos con la percusión del revólver fue vaciado con tierra fertil, donde a la vida se la vio morir grosera de rosas rojas y callos en los pies.
Lo blanco del viento limpia mis huesos y borra flores en mi cráneo, imperfecta la linea del deceso. Trascendente aroma de lleno egoísmo, ruido aliviado por el llanto de Dios.
Me morí.
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