lunes, 16 de septiembre de 2013

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Ahora el pánico es un simple compromiso.
¿Cuántos dedos necesitas para contar todo lo que te hace mal? ¿Cuántos porotos del truco pasado te robaste para jugar a ser mejor?  ¿Cuántas veces miraste al piso por miedo? ¿Por cuanto tiempo te tragaste eso? Lloras cada vez que te despertas, pero ya no tenes agua para llorar, maldecís cada vez que miras, pero no sabés porqué. Esperas inquietamente el momento justo en el que todo cambie, y puedas abrir esos párpados tan pegados que tenes, que aunque la luz del sol te queme, puedas mirar más alto. Ese momento en el que no te sientas menos, ni una basura, ni lo que sobro de lo que nadie quiso, el perro flaco que se muere porque nadie lo ve como ser vivo.
Pero no.
Sos la última rata que quedó en la alcantarilla, sos el engendro mal nacido que prefirió no haber nacido, sos eso que siente que no sirve para nada, y que lo único que hace, es molestar. Sos eso que se siente morir cada vez que sabe que en realidad, está vivo. No te aguantás ni a vos, no aguantas a los demás, ¿Por qué sos tan felizmente infeliz sabiendo qué no te queda nada más? ¿Por qué te mentís a vos misma? ¿Por qué le mentís a los demás? Detrás de esa sonrisa llena de maldad disfrazada de paz, detrás de esa carita normal con ojeras, estas vos, la reventada. La explotada mentalmente, la que no para de pensar, la que quiere gritar y llorar, que la vean sufrir, que la vean odiar, que vean que es un ser tan lleno de sentimientos. Pero los sentimientos, se hicieron odio, y mi corazón ya no es rojo.


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