sábado, 19 de octubre de 2013

infernum.

¿Me extrañaste?
Estuve encerrada por mucho tiempo, contando los huecos perfectos de la luna, mirando a través de mi ojo un poco ciego. Sangrando por los oídos, a causa de mi voz proveniente del averno, suplicándome que vuelva a mi cuerpo, que olvide lo que he hecho. Por cada mentira que llevo, me estoy yendo al infierno, por cada rezo que canto, me estoy yendo al infierno, por la vida que llevo, me estoy yendo al infierno.
Es todo absolutamente agradable, excepto por el olor, pero reconfirmo mi estadía con la cruz y la estaca enterrada en mi corazón. Por mis yemas caen las gotas de la desdicha, pequeño juego abrumador, fatídica y maldita corrupta de la vida, la muerte sería tu bendición. Quiero comprar y vender silencio cuando estoy tratando de pensar, puedo escuchar a todas las almas perdidas llorar, reclaman su última porción de dignidad para poder salir de ese hueco espiritual, un poco sangriento y sin auto-control. En nombre del padre, del hijo y del espíritu santo, maldita hija del rigor, instancia entre el deseso y la maldita espera para la llegada del restaurador, aquel momento lleno de ilusión para que tu cuerpo sienta el dolor. Una gran parte de tu mierda se está escapando sin que puedas controlar tu adicción, nieta de la heroína, del caos y la destrucción.
Podría comprar coraje, si realmente tuviera necesidad, pero mi alma perdida no para de llorar. Alejenme del sol y tomen un poco de mi corazón, que escondido se encuentra debajo de la razón. Evoquemos e invoquemos mi perdición, con una sonrisa hasta el último final, revoleando los ojos, vomitando con pánico vacío de amor.
¡Cómo caíste directo del cielo! amalgamada por la soberbia, jugaste con fuego y sentiste el ardor. Creías que tu básico panorama, dañado por una figura tan pagana, reconócete muerta en vida porque el tiempo se te termino, hija bastarda, de la ira y el amor.
Si tan solo dejaras de llorar, juntaras todos tus pedazos, y los pegaras con algo de espontaneidad. Si tan solo te pusieras vendas en las heridas y dejaras de mirar cada río de lava con gusto a metal. Esconde tus huesos a la vista, encerrá tu columna humillada por la codicia. Respirá de nuevo, volvé a funcionar, vomitá, vomitá y vomitá. Abrazate a la almohada, intentate ahogar, buscas la muerte, no es nada especial, nada que no puedas lograr. ¿Qué esperas? No te van a reanimar.
No te preocupes, siempre hay otra oportunidad.

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