Pero en verdad lo que venia planeando era mi resurrección automáticamente intencional.
Es digno del ser humano poder elegir, elegir nuestra muerte, elegir continuar o no, simple y llanamente elegir abandonar. O morir. Pero confidencialmente, nos redimimos ante la desesperación, agarrando como podamos la idea de obtener alguna razón que nos mantenga vivos un poco más y casi sin darnos cuenta, definitivamente hemos muerto.
Borrar y volver a escribir, una y otra vez, la misma oración pero con distinto significado. Morir y renacer, una y otra vez, la misma alma pero con distinto significado. Nunca optamos por la idea de que quizás, una parte muy oscura de nosotros siempre espera paulatinamente algún tipo de estímulo para despertar de ese letargo emocional que produce el querer asesinar a lo natural de respirar. Nunca nos preguntamos porqué nacemos tan demoniacamente imperfectos, abarrotados de errores por corregir, y de estigmas que liberar. Nunca nos preguntamos porqué podemos ingresar a esa sociedad tan natural llamada vida.
Muchas veces también, caemos en ese abismo de ser y no ser, no pudiendo distinguir cuando somos y cuando dejamos de ser, olvidamos lo que era sentir, olvidamos que estamos vivos. Compungidamente cortamos las cadenas que nos atan a la tierra, damos paso libre al monstruo que vive dentro del propio cuerpo, que se alimenta de nuestro encanto venéreo. Ese monstruo vivió conmigo mucho tiempo, ya no es un enemigo al cual echar, es un compañero y confidente al cual cuidar, ya no da miedo. Me di cuenta de que teníamos pensamientos en común, que lo que yo anhelaba, el me lo podía conceder, que no había obstáculo que no pudiese atravesar. Entonces, en vez de encerrar a ese monstruo en una esquina en mi mente, le abrí las puertas para que pruebe un poco de suerte.
![]() |
| Los relámpagos son sinónimo de que el mundo está pensando, y por consecuente, respirando. |

No hay comentarios:
Publicar un comentario