Tuve tiempo.
Tuve tiempo de coser las heridas que dejó la guerra, sin embargo, preferí tomar un descanso. Tuve tiempo de tirar la basura, sin embargo, preferí esconderla debajo de dónde pisamos. Gané premios inexistentes, canté canciones ausentes, leí versos del infierno. Todo destinado a algo muerto. Vocifere perdones mal escritos y complací a los dueños del universo, regale mis huesos.
Elegí seguir caminando con mi encanto venéreo y aún así me perdí el tren de regreso a ningún lugar. Olvidé olvidar, olvidé los platos rotos en la cocina, ahí atrás. Las moscas percutidas de la soledad, se aferraban a la vida en la porcelana y el cristal, ya no quedaba carne por la cual luchar. Le debo secretos al viento, el me regaló unos segundos más en este averno disfrazado de cielo, dejando razones sin aplaudir. Otorgué otro nombre a lo que solía ser, pero en el proceso, también olvidé como quería ser y deje de existir a mediados del invierno.
Congelar mariposas para así guardar recuerdos de la espontaneidad, quitarles las alas para que se suiciden por no poder volar. Saludandome en el espejo después de mucho tiempo sin verme como lo podía hacer, contandome las noticias nuevas, mostrando las marcas de la eutanasia avanzada.
miércoles, 1 de enero de 2014
Preludio en mi menor. Op. N° ∞
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