No se cuando me quedé sola, no se cuando me volví loca. No creo que deba volver atrás.
El flequillo hace que me pique la nariz, y que me olvide de cuando nací, incluso no puedo recordar quien era yo antes de derrapar. Pero recuerdo como oír, y también como huir hacia un recoveco más en lo profundo. Realmente estoy ciega, me cortaron la luz y solo puedo sentir el vacío chocarme contra la columna, todavía memorizo como caminar. Llevo en el bolsillo un papel, donde con sangre y cautela anoté 'No te permitas salir' , yo me busqué esto y ahora me digo como proseguir. Entre la penumbra puedo escuchar, a mis distintos compañeros de soledad hablarme sobre como tengo que actuar, como si quizás, infinitamente, estuviera acompañada. Y la más sádica de todas, hace girar en su dedo anular, la llave de mi libertad, se pasea frente a mi, aunque no la vea, se hace sentir. Esa sonrisa desfigurada, esa sangre manchada con piel humana, ese olor a muerte. ¡Hija de puta! te vi morir, te vi llorar y sufrir, te vi lamentarte y retorcerte de dolor suplicando piedad, eras y sos carne de carroñero que vuela al rayo del sol. Sos una mierda que respira pero que no esta viva, encontraste una manera más bonita de morir, quimera hija de la sobriedad. Te encerré para que no puedas lastimar-me. Me encerré para que no me pueda lastimar. Me encerré para deshacerme en soledad y confiarle a lucifer mis secretos en la oscuridad.
Quisiera poder comprobar que estoy sola en mi cabeza y que no hay mayor autoridad que mi voz en ella, pero no. Esos huéspedes no queridos instalados en mi cerebro marchito no hacen más que opinar. Y yo sigo en la opacidad, intentando recordar porque decidí ahogar a mi desesperada libertad. Lloro sangre, porque la luz me quiere evitar, y las pupilas no pueden esperar. Una vez más, hoy lo intenté una vez más.
Las voces en mi cabeza dicen que juegue a la ruleta con seis balas para asegurarme una muerte violenta, que la única salida es la mortalidad, que marque con delicadeza alguna, propia de la cordura, las marcas que deja la penumbra. La yo exterior, sigue sentada en una silla, con la mirada perdida en la pared, ciega de los oídos, sorda de la vista, llorando sin llorar. Busca los filos benditos en el bolsillo donde dejo el papel que utiliza con su interno yo, agrega un 'no soy vos' y seguido un 'soy vos'. Me rio de mi propia ingenuidad, de mi poca habilidad para sostener la crueldad, de mi sarcasmo barato e intentos mundanos sobre aprender a nadar. Yo si soy vos.
Si, yo soy yo. ¿Ya te dibujaste otra vez? La yo que está afuera, libre pero sin pena, invoca el terciopelo en la piel. ¡No quiero ser yo! No quiere ser ella, posa la mirada sobre las demás almas en pena, como si quizás, quizás pudiera cambiar y abandonarme acá adentro, sin llave ni consejo. Yo soy tu lado podrido querida, no necesito autorización, si quiero me asfixio, se quiero me lastimo, si quiero lloras y gritas, si quiero no escapas. No sos más que mi muñequito personal, de roja calamidad. Mi lienzo en blanco sobre el cual pintar. Reina de la miseria.
Perdí mi voluntad ante mi putrefacto yo, me divierte, me engaña, casualmente me miente, me sostiene el pelo mientras intento vomitar toda esa mierda que no para de quemar. Las voces en mi cabeza son realidad, son ecos de la mediocridad. Con caricia casí bendita, con la piel pegada a los huesos, poso las manos sobre mi cuello y me intento ahogar.
Estuve pensando toda la semana en morir, porque no quiero ser esclava de mi.
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