¿Sabes? Está muy oscuro acá abajo.
¿Sabes? Tengo mucho sueño.
¿Sabes? Estoy sangrando.
¿Sabes? Creo que ya me morí.
Ciento ochenta centímetros de alto, noventa centímetros de ancho. A doscientos centímetros del furor. Un millón de ideas muertas caen del cielo, y se entierran en los cinco mil kilómetros de tierra.
¿Realmente respiramos?
Veinte grados de inclinación, veinticinco grados de calor, ochenta por ciento de humedad, altas probabilidades de llorar. Doscientos mil kilómetros por hora, mil millones de voltios, una en dos millones trescientos veinte mil oportunidades. Dieciséis millones de tormentas. Un kilómetro y medio de longitud. Trece mil setecientos treinta millones de años de dolor, noventa y tres mil millones de años luz, cien mil millones de galaxias por visitar.
¿Puedo llorar?
¿Sabes? Estaba pensando en mi libertad.
¿Sabes? Las cadenas me lastimaron las muñecas.
¿Sabes? Esta vez no me voy a curar.
No quiero ver el sol, me va a quemar. Solo necesito aire y agua para respirar. Regalame un poco de tu sobriedad, levantame y quebrame, ya no puedo caminar. Todos los santos cuelgan de mi cuello, sin embargo, a todas las oraciones las ahogó el viento. ¿Me compras alegría? Pero...no podes comprar alegría. El frío es cálido en todo su esplendor, me abraza y me hace perder la visión, me canta un poquito para que pare de llorar. Con cada tramo de sabor amargo, siento que me escucho menos en la soledad e imagino amigos eternos.
Mi libertad la cambié por acciones baratas, olvidadas en un cajón, derrochando piedad quizás. Alguien sordo tal vez las pudo escuchar y así las rescató de mi colección, alguien ahí afuera no tiene tiempo de llorar. Acá, adentro, yo no tengo tiempo de llorar. Reemplazando las flores muertas por unas nuevas sin violar, dejando las semillas de una manzana que prefirió la inmortalidad, limpiando las heridas de una trágica ocurrencia que prefirió una sombra más. ¿Qué tan hundida estás? No tan profundo como para no poder nadar. El ruido del óxido metal, el ruido de tu sangre al salpicar tu pobre manto de integridad, el canto de tus huesos al rechinar, las cadenas tirando para que no puedas avanzar. Las pestañas cayendo al sórdido vacío emocional, la piel siendo desierto para familias sin hogar, tus pensamientos suicidándose porque no hay como calmar tu curiosidad. Tus ganas de morir se van pero vuelven para continuar.
La ventana mide un metro ochenta de alto por noventa centímetros de ancho. A dos metros estoy yo. Caen un millón de gotas y chocan contra el suelo.
Respirando.
Inclinada contra la mesa, con veinticinco grados de sensación térmica y ochenta porciento de humedad, altas probabilidades de lluvia. A doscientos mil kilómetros por hora cae un rayo, descargando mil millones de voltios. Tenemos una en dos millones trescientos veinte mil oportunidades de que nos caiga encima. Al año hay dieciséis millones de tormentas. Poseen un kilómetro y medio de longitud. Trece mil setecientos treinta millones de años es la edad del universo, aproximadamente noventa y tres mil millones de años luz es su extensión, conteniendo cien mil millones de galaxias.
Solamente estaba intentando dejar de respirar.
Te amo (?
ResponderEliminarJajajajajajajaja idiota
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