jueves, 20 de febrero de 2014

Die rebellen.

Rief blut und tauchte den himmel mit einsamkeit. Könnten sie noch einmal singen? Küssen freiheit.
Círculos con los dedos en el colchón y fotos colgadas de la pared, sueños pendientes en algún lugar y golpes al amanecer.
Solía jugar con la muerte jóven, solía cantar con un Lucifer recién caído que tenía las rodillas raspadas por tropezar, incluso conocí a un ángel guardián, que perdido en el sexo barato jamás regresó a su hogar. Llenos de ambiciones y de partes sin terminar. Andar descalza era un privilegio, sentir el frío cemento calarme los huesos, rozar la yema de los dedos contra la pared al caminar. Ignorar el tener que peinarme, ser alguien con un puesto y un lugar. Vivir de invierno en invierno, bañarme en nieve para poder jugar igual, perseguir el llanto que no podía encontrar. No vivir de lujos, aprendiendo a dejar todo lo material atrás, valorar lo que tenia y guardar lo que iba a necesitar, entender que los amigos se iban para siempre, a pasear a otro pasillo quizás. Frotaba las manos buscando la magia que brote el fuego para calentar, imaginaba las estrellas, las pintaba en mi cabeza y si hubiera podido, me hubiera puesto a cantar. Pero las leyes de silencio eran muy estrictas en ese lugar, ¿Acaso no estábamos jugando a educarnos? Estábamos abandonando el animal que criamos.
Estábamos preparados para morir.

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